Tremendo

CROTO TEATRO • ARGENTINA
Autor: Tomas P. Szaiderman
8 y 9 DE ABRIL.

Un hombre perdido, quizás aniquilado. Desde su facultad etílica se increpa, pregunta y se responde. El cuerpo del Actor juega y jugando se transforma. El hombre se envenena buscando salvarse de sí mismo. Huye para no ver su propia mugre. El veneno es la cura. El juego es su salvación.

Fotografía: Áureo Gómez

A penas una silla
L a penumbra iluminada
C lase magistral
O tocado o
H undido
O dioso personaje
L ágrimas de alcohol…
I nmenso mar de alcohol
C erteras palabras ebrias
O quise decir… Tremendo!
POÉTICA DEL BORRACHO • FERNANDO LLORENTE

Es creencia común que los niños, los locos y los borrachos dicen la verdad. Y los poetas, añado yo, por más fingidor que el poeta sea (Pessoa). El poeta es un borracho de palabras, que comete la locura de volverse niño, o la niñada de hacerse el loco, durante unos versos. Y en ese tiempo de juego verbal encuentra, si no la salvación, sí, al menos, una salida, por más que momentánea y no exenta de trampas, a una condición que comparten borrachos, locos, niños y poetas: la humana.
El actor argentino Tomas P. Sznaiderman es también el autor de “Tremendo”, obra con la que prosiguió, los días 8 y 9 de abril, la II Muestra Internacional de Teatro Unipersonal SOLO TÚ, en el escenario de La Teatrería de Ábrego. Compone, el intérprete, un personaje-jugador en dos tiempos, o dos en un espacio. No importa, pues espacio y tiempo se disuelven en un alcohol, que abre abismos de lucidez en las entrañas del personaje, desde donde brotan las palabras con toda su carga de absurdo existencial a cuestas. Tremendo, sí.
Tremendo es el trabajo actoral, por la conmoción entre sonrisas, que produce desde el comienzo, cuando la aparente ingenuidad del niño marca los límites del tablero de juego, y establece sus reglas, que en su transcurso van a ser transgredidas, pues la vida es un juego que impone sus propias reglas, incluso puede apagar las luces con las que se pretendía iluminar los lances del juego, o sumirlas en la incertidumbre de los claroscuros -las luces juegan un papel simbólico en la función, el de señalar el camino más corto entre la comedia y la tragedia, que es la vida, pasando por el drama de lo que hacemos y nos pasa (Ortega).
En un primer movimiento el jugador-personaje se arma con un arsenal de palabras que nombran borrachera, y se emborracha -“emborrachar al borracho”-, hasta estar lo sobradamente armado, como para emprender, en un segundo movimiento, el relato desgarrado y desgarrador -tremendo, sí- de la existencia propia y sus relaciones, verdades robadas al estado de sobriedad, que falsea la realidad. El actor transita de la verdad ingenua del niño a la verdad sórdida del borracho, en un ejercicio interpretativo vigoroso, por el que transfigura su rostro desde la sonrisa inocente, no exenta de malicia, a la mueca esperpéntica, exenta de inocencia. Una poética, la del borracho, tremenda, sí. Por desasosegante.

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