Mario Gas y Ricardo Moya han efectuado una minuciosa introspección del personaje. Y el actor se ha metido en su piel de la forma más convincente posible. «Quisiera huir de cualquier alabanza hiperbólica. Sólo señalaré que tanto en el gesto, como en sus correrías entre el público, como, en fin, en la palabra que fluye en una voz grave, privilegiada, Moya ofrece una lección interpretativa impecable».
