La Compañía

Ábrego Producciones es una empresa privada con vocación de servicio publico. A lo largo de su trayectoria, los parámetros que la compañía ha utilizado para definir su trabajo, son totalmente subjetivos, priorizando un lenguaje de búsqueda escénica y la rentabilidad social y cultural de sus proyectos, por encima de la trascendencia mediática o económica de los mismos.
Elegimos la diversidad frente a lo concreto, el intercambio de experiencias frente a las doctrinas únicas, el mestizaje en lo teatral y lo vital frente a la pureza, la curiosidad por las incidencias del camino frente al inmovilismo, el gusto por lo desconocido, meter el dedo en la llaga y airear los trapos al sol.

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El Sueño de un
Hombre Ridículo

INTÉRPRETE: RICARDO MOYA
DIRECCIÓN: MARIO GAS • AUTOR: FIODOR DOSTOYEVSKY
24 de ABRIL • FUNCIÓN ESPECIAL DE CLAUSURA

Mario Gas y Ricardo Moya han efectuado una minuciosa introspección del personaje. Y el actor se ha metido en su piel de la forma más convincente posible. «Quisiera huir de cualquier alabanza hiperbólica. Sólo señalaré que tanto en el gesto, como en sus correrías entre el público, como, en fin, en la palabra que fluye en una voz grave, privilegiada, Moya ofrece una lección interpretativa impecable».

UN SUEÑO REDENTOR • FERNANDO LLORENTE

El filósofo apátrida Cioran declaró que la del suicidio es una idea estimulante, que había que aprovechar vitalmente. En el relato corto “El sueño de un hombre ridículo”, Dostoievski, del que Cioran se confiesa deudor -También Nietzsche- por los profundos análisis psicológicos que aplica a sus personajes, que ha conocido la verdad, que nunca habría querido conocer, vive con la idea de un suicidio, que acabe también con el mundo, que a él solo pertenece. Pero, como Cioran escribe, si la idea de suicidio no se realiza es porque no se ha producido cuando se debía haber producido. Y eso pasa porque algo ha impedido su ejecución. Al hombre ridículo de “El sueño…” le ocurren dos cosas: una, el encuentro con una niña desgraciada y menesterosa, a la que, de entrada, decide apartar y olvidar. Y otra, caer dormido involuntariamente, y vivir un sueño que le revela una verdad, de la que se apodera y, a la vez, le posee: la del que el Paraíso es una ilusión, que él mismo se encarga de negar, más allá de toda esperanza de recuperarlo. Eso en el sueño, porque al despertar, el recuerdo de la niña impele al soñador a su búsqueda, que es la de la inocencia, la de la pureza. El suicidio puede esperar, ya que no se cumplió a tiempo, y toca el tiempo de vivir, de predicar la vida y la felicidad, más allá de su conocimiento.
“El sueño…” es un texto complejo, en el que Dostoievski abre un hueco a la esperanza, al menos a la ilusión, en un mundo presidido por el absurdo. Tal intento requiere de un personaje sin demasiado sentido del ridículo, declarándose desde el principio ridículo. Ese personaje lo encarnó Ricardo Moya, en la función especial de clausura de la II Muestra Internacional de Teatro Unipersonal SOLO TÚ, el 24 de abril, en La Teatrería de Ábrego. Dirigido por Mario Gas, el actor entabla un cuerpo a cuerpo con un texto, al que debe vencer a los puntos para neutralizar al personaje ridículo, que no lo es, con una excelencia interpretativa, que Ricardo Moya alcanzó impartiendo una lección de teatro, con los argumentos de un decir, cargado de sentido y sensibilidad, bien avenido con una gestualidad prolija en matices expresivos.
Texto en estado de lucidez; actor en estado de gracia: teatro en estado puro.

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