La Compañía

Ábrego Producciones es una empresa privada con vocación de servicio publico. A lo largo de su trayectoria, los parámetros que la compañía ha utilizado para definir su trabajo, son totalmente subjetivos, priorizando un lenguaje de búsqueda escénica y la rentabilidad social y cultural de sus proyectos, por encima de la trascendencia mediática o económica de los mismos.
Elegimos la diversidad frente a lo concreto, el intercambio de experiencias frente a las doctrinas únicas, el mestizaje en lo teatral y lo vital frente a la pureza, la curiosidad por las incidencias del camino frente al inmovilismo, el gusto por lo desconocido, meter el dedo en la llaga y airear los trapos al sol.

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Fraguando
Sueños

¡TODAS LAS MUJERES, UNA SOLA VOZ!

Colabora : Dirección General de Mujer de Gobierno Regional de Cantabria

Fraguando sueños es un espectáculo de ética comprometida con una realidad social, que exige todo nuestro esfuerzo para realizar una denuncia contundente y una reflexión serena sobre la violencia doméstica, y de estética plural intencionadamente alejada tanto de todo convencionalismo como de falsa contemporaneidad.
El montaje se estructura a modo de relato periodístico, con ribetes de crónica negra, que conduce a un clima de gran dramatismo, tal como el tema inevitablemente requiere, con momentos de gran lirismo épico, pero a la vez preñado de humor e ironía y una abierta crítica sarcástica a los tremendistas e infames reality shows.

Interpretación actoral: María Vidal García
Escenografía: Lourdes Fernández, María José Velo
Voces en Off: Javier Rodríguez, Paco Pis
Técnico de iluminación: Marcos Varona
Estudio grabación: Yuyo Hornazabal
Diseño Gráfico: Del Pozo & Asociados
Fotografía:Alberto G. Ibañez
Dramaturgia:Pati Domenech.
Dirección:María Vidal, Pati Domenech

Tres mujeres, una en escena y dos en el diseño plástico del espectáculo, aportan su punto de vista sobre la violencia ejercida contra la mujer, a partir de un texto de Pati Domenech que desgrana en 14 momentos una ecléctica selección de circunstancias vitales; desde las apariciones estelares de la mujer número 1, pasando por la abnegada condición de ama de casa, el cuidado de los niños, las palizas cotidianas, o prácticas bestiales como la amputación del sexo o el ácido corrosivo en el rostro realizadas en algunos lugares del mundo. Pero pasando también por el amor, la solidaridad, la voluntad indómita de resistencia y la certeza de un futuro mucho más justo.
El baile flamenco, la interpretación actoral, y la música celta, pero también jazz y clásica ejecutadas en directo, se dan cita en este montaje pretendidamente mestizo y provocador, que trata de transgredir la realidad involucrando al espectador activamente en su desarrollo, inhibir su pasividad y proporcionarle materiales para realizar una reflexión lúcida sobre el tema.

ÁBREGO TIENE UN SUEÑO

Fraguando sueños es un homenaje a las víctimas de la guerra más larga de la historia: la de sexo contra sexo. En esta obra, escrita por el dramaturgo Pati Domenech para una intérprete, Ábrego pasa revista a las más diversas y sangrantes formas de violencia contra las mujeres. Así, dentro de un espectáculo que se estructura a modo de relato periodístico – hecho por voces de mujer desde el escenario y de profesionales masculinos de la radio en off – se enmarcan referencias a la emigrante asesinada por su marido, la mujer escondida tras el velo opresor del régimen “taliban”, la niña a la que “la cultura” le amputa el clítoris, la víctima violada de la guerra en Kosovo… todas sus historias se funden en una sola voz.
Y esa voz es la de María Vidal, actriz que es una mujer y es todas las mujeres; que les presta a aquéllas que han sido silenciadas por la violencia el eco de su garganta. Con su relato se pone al público en posición obligada de tomar partido, haciendo de la obra un arma contra “el desmesurado poder que las sociedades otorgan a los hombres” y que genera violencia. El texto, la música y hasta los silencios son herramientas que tratan de conseguir en la audiencia, y por extensión en la sociedad, un cambio de actitud que nos acerque más a la igualdad real entre los sexos.
El mensaje está en el texto, pero es la sala teatral, con su escenario y sus butacas, lo que se convierte en el verdadero foro para ese proceso de cambio.
Ábrego ofrece en sus representaciones una oportunidad para que sobre todo las mujeres, pero también los hombres, y las/os adolescentes que serán las mujeres y hombres de un mañana inminente se enfrenten a sus miedos, prejuicios y rechazo ante los millones de actos de violencia que María desmenuza sin mostrar ni una gota de sangre. La mejor muestra de que su objetivo de sensibilización se cumple es que el público murmure su asombro, se revuelva en sus asientos con la incomodidad de quien se hace consciente de ser un poco cómplice y al final aplauda con tristeza, solidaridad o ira. La puesta en escena de Fraguando Sueños aspira al éxito teatral, por supuesto, pero más que nada busca la reflexión activa de quien la presencia. Quien esto escribe se sintió satisfecha de comprobar en carne propia cómo el teatro social de Ábrego logra ese poderoso efecto sobre una audiencia que, no me cabe la menor duda, sale de la sala reflexionando sobre lo visto.
Y no es para menos. Ver a Ábrego en acción con esta obra significa presenciar una sinfonía de palabras, música, y luz con un fin claro: la lucha contra la violencia que sufren millones de mujeres únicamente por razón de su sexo. La actricez desgrana entre zapateados, murmullos de río y penumbra una realidad que ya a nadie se le escapa. Y para ello no necesita más violencia explícita que unos golpes de puñal que cortan el aliento. El resto es poesía. Neruda y Benedetti.
Una luz que acaricia el cuerpo enfundado en negro de María. No hay en Fraguando sueños más movimientos bruscos que cuando la intérprete se convierte en hombre para justificar su violencia. Nada más rompe la armonía del montaje. Sin necesidad de máscaras, la actriz se convierte en multitud de personajes que sufren, lloran, se llenan de rabia y de esperanza. María llega a romperse por dentro durante un monólogo que recuerda al testimonio de tantas mujeres maltratadas.
El montaje sutil y contemporáneo de Fraguando Sueños tiene fuerza suficiente para salir airoso incluso en salas con acústica pobre y sin demasiadas comodidades para el público. Una espectadora comentó tras ver la obra en Asturias que todo estaba hecho con “mucho gusto”; varias recordaban la crudeza del tema y la necesidad de mostrarlo en público; muchas se mostraban impactadas por la forma de mirar de María que, decían, “mete miedo”.
Todo mujeres; todas satisfechas con un acto en el que ellas eran las protagonistas. Las reacciones son extrapolables al público más frecuente de este espectáculo: grupos de personas sin lazos académicos que sienten el teatro como lo que es: un hecho de pura comunicación. Tal vez las mujeres salgan ganando en esta conversación cargada de música y de versos: ellas seguramente comprenderán mejor las referencias sociales y cotidianas de la obra, se asustarán más con la negrura de las cifras que les roban a sus iguales, sonreirán más con el rayo de esperanza que quizá logren vislumbrar. Los aplausos para Ábrego se me antojan palmadas en femenino, de cientos de mujeres que captarán el mensaje de sus hermanas; mujeres que podrán hallar con Ábrego una forma nueva de empezar a reflexionar; en definitiva, mujeres que empiecen a reconocerse en el derecho a fraguar sus propios sueños de un mundo en el que la violencia sea sólo el recuerdo de una hermosa obra de teatro que un día tuvieron la suerte de disfrutar.

Marta F. Morales. Marzo de 2001

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